LA GUARAGUA

Punto de encuentro: Parque Gabriel García Moreno (esquina Caldas y García Moreno)

Aunque se recuerde el nombre de esta histórica calle gracias al estribillo de la canción “El Chulla Quiteño”, el amplio bagaje que se esconde en los muros, fachadas y piedras de la hoy en día calle Galápagos, la ha convertido en un enclave de diversas manifestaciones culturales.

El popular nombre de esta calle puede rastrearse en la arquitectura que da vida a sus edificaciones. Sus balcones tallados, propios del estilo republicano, rayan a veces en lo excesivo, derivando en el uso de un vocablo quechua: “guaragua”. Este término, hoy tan común entre quiteños, remite a un adorno exagerado, tal como los balcones de la Galápagos.

En un diseño de Franz Schmidt, de antes de 1912, ya se incluyen sus emblemáticas escalinatas, y en 1922 la Guaragua figura en los mapas de Quito, como una prolongación de la calle Vargas. En el Quito de estos años (1920 – 1930) hablar de la Guaragua, era hablar de un barrio bohemio. Pintores, escultores, músicos y literatos hicieron de esta calle su hogar.

Uno de los elementos más icónicos de la calle, es el edificio que descansa sobre la Vargas. La casa, que originalmente perteneció a la familia Chiriboga, está atravesada en su parte central por un arco que constituye el ingreso a la Guaragua. Fue en 1929, cuando el arquitecto Antonino Russo, le confirió su aspecto neoclásico actual y le otorgó su característico sello personal de sólidos balcones con antepecho de moriscos.

En la mitad de la Calle, se encuentra el ingreso al Mercado Municipal “Plaza Arenas”. Si bien es cierto, desde 1970 el espacio ha sido ocupado para el expendio de productos artesanales, originalmente el sitio albergó espectáculos de amplia naturaleza: encuentros de boxeo, muestras de baile y hasta exhibiciones de tauromaquia.

Actualmente, el Mercado Arenas es un referente en comercio de ropa, calzado, ferretería, bazares, discografía, etc. En todos estos casos existen sitios de artículos nuevos y usados. También hay almacenes con libros y otros dedicados a las antigüedades.

Más del 50% de los vendedores actuales, son descendientes directos de los ocupantes originales de la Plaza Arenas; por lo que además se constituyen en verdaderos guardianes de la memoria de este espacio histórico y patrimonial.

Hoy en día, sus pasajes y puestos, se han convertido en un verdadero laberinto de objetos que fascinan y atraen a visitantes. Además, son cada vez más  los colectivos y organizaciones que se apropian del espacio; quienes con sus muestras artísticas y escénicas, buscan retomar la tradición original del sector: Un Patrimonio artísticamente vivo.

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