Cultural
El segundo “no tocar” que la arquitectura debe romper es el de la ciudad. Porque las ciudades también se han llenado de carteles invisibles que dicen “prohibido tocar”. Nos enseñaron a pasar por ellas sin detenernos, a mirar los muros como límites, a cruzar las plazas sin sentirlas, a habitar sin mirar al otro.
La ciudad se volvió un escenario, no una experiencia. Un fondo para la fotografía, no un cuerpo que se vive. Tocar la ciudad hoy es un acto subversivo y rebelde. Porque tocar la ciudad implica reclamarla. Implica ensuciarse los zapatos, escuchar su ruido, aceptar su contradicción y su complejidad. Implica reconocer que la arquitectura no termina en los planos, sino en las calles donde la gente vive, tropieza, improvisa y crea.
En estos tiempos la arquitectura ha contemplado la ciudad desde la distancia del render, del plan: limpia, ordenada, silenciosa. Pero la ciudad real, esa que duele, que ríe, que late, no cabe en ningún documento. Es áspera, ruidosa, imprevisible. Y justamente por eso es verdadera.
El Componente Cultural nace de esa necesidad urgente de volver a tocar la ciudad, de volver a sentirla con los sentidos y con la conciencia. De dejar que nos incomode, que nos cuestione, que nos afecte.
Durante la semana bienal, Quito se convertirá en un territorio de contacto. Los Pabellones Lúdico-Educativos se desplegarán en distintos puntos del espacio público: plazas, parques, bulevares, esquinas. Serán pequeñas interrupciones en la rutina, lugares donde un sutil gesto arquitectónico vuelva a ser encuentro.
Cada pabellón será un organismo que cambiará con la lluvia, con el paso de la gente, con el juego de los niños. Allí la arquitectura dejará de ser representación para volver a ser presencia. No habrá público, habrá participantes. No habrá observadores, habrá cómplices.
La bienal saldrá de los auditorios y las salas para mezclarse con la respiración de la ciudad. Tocar una ciudad que tiene heridas: desigualdad, inseguridad e indiferencia. Porque tocar sus heridas es la única forma de sanarlas.
El Componente Cultural busca embellecer la ciudad pero también busca reconectarla. Devolverle su derecho a ser espacio de convivencia, de curiosidad, de emoción. Tocar para compartir es asumir que la arquitectura se entrega a a la gente. Que su valor no está solo en lo que muestra, sino en lo que provoca. Y que toda obra, para tener sentido, debe pertenecer al lugar donde se posa y a las vidas que la recorren.
La XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito – PROHIBIDO NO TOCAR entiende que el verdadero legado no está solo en el hecho edicado, sino en la huella que deja en quienes lo habitan.
Por eso esta bienal quiere que cada pabellón, cada encuentro, cada conversación se convierta en una chispa de vínculo, en una manera de volver a sentirnos parte de algo común. Tocar la ciudad, finalmente, es tocar el alma de la arquitectura. Y compartirla, es devolverle su razón de existir.
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